Reflexiones sobre candidatos y partidos
Por: Unidad de evaluación política
El contenido político y el perfil de una elección comienzan a ser definidos a partir de la aprobación de las solicitudes de registro de candidatos. En el contexto local, durante el proceso electoral ordinario 2015-2016 de gobernador para el estado de Oaxaca, este momento inició el 2 de abril de 2016, mediante los acuerdos ieepco-CG-35/2016 y ieepco-CG-36/2016, resueltos por el Consejo General del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (ieepco). En ellos, se aprobaron siete de las ocho solicitudes presentadas, a saber:

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Fuente: Elaboración propia con base en los acuerdos ieepco-CG-35/2016 y ieepco-CG-36/2016.
Al respecto, las siete solicitudes aprobadas encuadran en diez partidos políticos, entre ellos dos coaliciones: La coalición “Juntos hacemos más” (pri-pvem-pna) y la coalición “Con rumbo y estabilidad por Oaxaca” (pan-prd); además, cabe señalar que dos partidos políticos federales Movimiento Ciudadano (mc) y Encuentro Social (pes) no figuran en la competencia de esta elección a gobernador.
En breve comparación con la elección 2010 para gobernador, esta elección se perfila como una competencia política con mayor pluralidad de plataformas electorales y propuestas de gobierno. En la elección 2010, se postularon cuatro candidaturas, en el marco de un contexto local crítico, de tensiones y polarización, donde el electorado fue atraído fuertemente en torno a la transición democrática, la continuidad del partido hegemónico, y el movimiento magisterial y popular de 2006. Seis años después, en la presente elección para renovar al titular del poder ejecutivo, se inscriben siete candidaturas que tienen presente el costo de los conflictos sociales en la historia reciente del estado, además de las promesas y aspiraciones sociales no concretadas desde el movimiento magisterial y popular de 2006.
El contexto local y nacional conllevó al surgimiento de nuevos actores, mecanismos electorales y la discusión de nuevos temas, que son producto de la relación local con la agenda nacional. Vamos a esbozar tres puntos en esta discusión para abordar la elección en Oaxaca: equidad de género, representación indígena y democratización de los partidos.
El primer punto que resalta de la presente elección es que entre los diez partidos no se perfila mujer alguna; incluso dentro de la lista de precandidatos solo figuró una: Luisa Cortés García, aunque su perfil competitivo por la candidatura fue poco visible; esto pone en evidencia el trabajo de educación cívica de los partidos. Lo anterior lleva a cuestionar a los partidos políticos ¿Por qué ninguno tuvo una visión de gobierno con una mujer al frente del poder ejecutivo? Es necesario poner en discusión los estancamientos democráticos en materia de equidad de género para contribuir en la formación de un gobierno plural e incluyente.
Otro elemento en estas elecciones, es la representación indígena, aunque Oaxaca es un estado pluriétnico, solo un partido político (morena) inscribió un candidato de origen zapoteco, el ingeniero Salomón Jara Cruz. Los partidos Unidad Popular (pup) y Renovación Social (prs), aun cuando en sus documentos básicos defienden las causas indígenas, no postularon a ninguno. Tanto el pup como el Partido Social Demócrata de Oaxaca (psd) y el prs tienen como antecedente inmediato a su constitución una organización social que reivindica la identidad indígena como elemento preponderante. Es así como al pup le antecedió el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (mult); al psdo, la asociación civil “ShutaYoma”; y al prs, el Consejo Indígena del Sureste.
Es evidente que no solo se requieren candidatos de origen indígena, sino en realidad visiones pluriétnicas, una planeación de gobierno con ellos, en lugar de administrarlos. Las visiones de gobiernos multiculturales enriquecen las formas nacientes de participación política en la América Latina del siglo xxi.
También hay que señalar que este proceso electoral está marcado sobre todo por el papel de los partidos políticos, ya que los tres aspirantes independientes a una candidatura a gobernador registrados ante el ieepco, no cumplieron con 2% de apoyo ciudadano de la lista nominal y demás requisitos establecidos en los lineamientos respectivos. Sin disminuir la importancia de disposiciones legales equitativas e igualdad en el acceso a recursos y medios de comunicación, se deja ver una relación de fuerza aplastante de los partidos sobre las candidaturas independientes.
Si las candidaturas resultaron de los partidos políticos, se esperaba que el proceso de designación fuera democrático; sin embargo, este proceso lo atendieron únicamente como un requisito necesario de la autoridad electoral, y no como parte de la cultura política en su organización. El período de precampaña fue aprovechado por las comisiones de procesos internos y los consejos, para simular prácticas democráticas en sus estructuras, donde un candidato era figura virtual de oposición, o alternativa, pero que al final, previo respaldo de pactos de unidad, terminaba declinando por el candidato oficial de facciones viejas que con “rostros nuevos” y utilizando todos los recursos a su alcance, reafirmaron su poder frente al militante que creía en la honestidad de las convocatorias. Este fenómeno fue diseñado para anticipar el proselitismo político de los candidatos, ya que se necesitan mínimo dos para desarrollarlo.
Así fue como pocos días antes del inicio de campañas, se definió a Alejandro Murat Hinojosa como candidato por el pri-pvem-pna; a José Antonio Estefan Garfias por el pan-prd, a Joaquín Ruiz Salazar por el prs, y a Salomón Jara por morena.
Los demás partidos optaron por la designación directa: psd y pup ofrecieron a Benjamín Robles ser su candidato a gobernador, pero la falta de acuerdo obligó al psd a postular a Manuel Pérez Morales, mientras que el pup a Francisco Javier Jiménez. Y el Partido del Trabajo (pt), desligado del pan y prd en rechazo a la elección interna de éste último, postuló a Benjamín Robles por designación directa. En ese momento coyuntural, estos partidos se preocuparon más por adquirir mayor fuerza electoral encabezados por un candidato con una imagen fuerte, que por la democratización en la postulación de sus candidatos.
Este fenómeno de disociación entre discursos y prácticas en los partidos políticos, manifiesta que la concepción de partido corresponde más a la de una plataforma para canalizar demandas y de control institucional que a un espacio de participación libre en la vida pública. Ya sobre la marcha de la presente elección, la discusión sobre estos puntos debe mantenerse viva, la implementación de los nuevos mecanismos y disposiciones de la autoridad electoral no dependen únicamente de su existencia, sino también de la credibilidad en ellos. Si lo que Oaxaca necesita es participación política y no movilización, entonces la sociedad debe tomar parte en ello; la militancia de los partidos, las instituciones, las organizaciones, los medios de comunicación y la ciudadanía debemos adentrarnos en la discusión de estos temas, donde pueden gestarse propuestas y avances en la construcción de la democracia.